6:00 am. Un lunes cualquiera el 2019 suena el despertador, el solo pensamiento de tener que caminar hasta el baño a ducharme es suficiente impulso para apagar el despertador y seguir durmiendo.
6:30 am. Suena el segundo despertador, resignada, pienso que si me hubiera levantado antes tendría tiempo para arreglarme tranquila, agarro el uniforme que, claramente, olvide planchar el fin de semana, estiró la falda en el piso y le pongo encima los libros más pesados que encuentro en mi piesa, rogando que cuando termine de bañarme la arrugas hayan desaparecido lo suficiente como para pasar desapercibidas; me ducho me visto y me pongo los zapatos a la fuerza por que, quien los desamara para ponerlos?
7:00 am. Empieza la verdadera diversión, aunque sus clases empiezan en una hora y media, mi hermano pasa por la cocina a comer algo rápido, camina hacia la puerta y, solo después de abrirla y salir lo suficiente como para tener asomarse hacia adentro, nos grita un cariñoso y cálido: “¡¡me vooy, Chaoo!!”. Mi hermana, aun que mi papá lleva rato apurándola , aún no termina de vestirse; voy a la cocina para poner la mesa y terminar de preparar el desayuno, donde encontrar a mi mama haciendo malabares para terminar el almuerzo y las colaciones.
7:30 am. Terminamos de desayunar, levantamos la mesa lo más rápido posible, y corremos al auto, solo después de llegar al portón del condominio me doy cuenta que sería conveniente llevar mi mochila al colegio, por lo que tengo que volver corriendo para tomarla. Vamos a dejar a mi hermana al colegio, la soltamos en la puerta porque como ella dice ella “Ya esta grande, esta en 1°”. Extrañamente el tráfico de Ossandón es casi nulo, durante los 5 minutos de trayecto que tenemos a solas, con mi mama discutimos temas completamente irrelevante pero increíblemente interesantes.
7:45 am. Salto del asiento del copiloto, camino con paso apresurado sabiendo que antes de llegar a mi sala voy a encontrarme con mis amigos, y aunque hable con ellos la noche anterior, muero por ver. Aunque el trayecto desde la puerta del colegio hasta mi sala no es más de 200 metros, los 15 minutos que tenía para recorrerlo desaparecen entre las risas y los chismes, don Manu se acerca a la campana y ya todos sabemos que nuestro tiempo se acabó; corro a la sala antes de que cierren la puerta, y en cuanto entró notó que aunque las clases todavía no empiezan esta ya esta sucia y desordenada. Mis compañeros están haciendo alguna tontería, a la que ,obviamente, me uno, hasta que llega el profesor y termina con nuestra felicidad.
Ya son la 8:00 am.
Alana Pizarro.
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